Usque ad sidera, usque ad infera...

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miércoles, junio 27, 2007


En aquel tiempo, los chinos pensaban que los peces eran almas fugadas. Inmóviles, los miraban hora tras hora. Y si un pez atravesaba su imagen reflejada, tenían el convencimiento de que aquel animal era parte de su propio ser.

(
La verdadera historia de los peces blancos de Pátzcuaro, Max Aub)

domingo, junio 10, 2007


¿Hay que ser sultán para comprender que, en los cuatro confines y en los siete climas del mundo, todos los hombres se parecen? ¿acaso la prueba más concluyente de que los hombres de todas partes son idénticos no consiste en que cada uno puede ocupar el lugar del otro?

(
El astrólogo y el sultán, Orhan Pamuk)

sábado, junio 02, 2007

¿Por qué me gustan las medusas? No lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada...

(Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami)

miércoles, marzo 21, 2007

"¡He perdido mi gotita de rocío!", dice la flor al cielo del amanecer... que ha perdido todas sus estrellas.

(Rabindranath Tagore)

jueves, enero 11, 2007

Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podía ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habria de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia delante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

(Demián, Hermann Hesse)

lunes, noviembre 06, 2006

-Hay veces en la vida en que uno se siente tan pequeño...
-Tan pequeño como qué?
-Quizás como una hierba...
-Cuando te sientas así piensa que la brizna de hierba es pequeña, pero tiene la Tierra a sus pies...


jueves, noviembre 02, 2006

Sí; el hombre es el animal que usa relojes. Mi maestro paró el suyo -uno de plata que llevaba siempre consigo- poco antes de morir, convencido de que en la vida eterna a que aspiraba no había de servirle de mucho, y en la Nada, donde acaso iba a sumergirse, de mucho menos todavía. Convencido también -y esto era lo que más le entristecía- de que el hombre no hubiera inventado el reloj si no creyera en la muerte.

(Juan de Mairena, Antonio Machado)

miércoles, noviembre 01, 2006

Para ser griego uno no debe tener vestidos; para ser medieval uno no debe tener cuerpo; para ser moderno uno no debe tener alma...

(Oscar Wilde)

jueves, octubre 26, 2006

Todos los mayores han sido primero niños... pero pocos lo recuerdan.

¡Ah, pequeño príncipe! Así, poco a poco, fui comprendiendo tu sosegada vida melancólica. Durante mucho tiempo, tu única distracción se había reducido a la suavidad de las puestas de sol.
Me enteré de este nuevo detalle el cuarto día por la mañana, cuando me dijiste:
-Me gustan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol.
-Pero tenemos que esperar...
-¿Esperar a qué?
-Esperar a que se ponga el sol.
Al principio pareciste muy sorprendido. Luego te reíste de ti mismo.
Y me dijiste:
-¡Siempre me creo que estoy en mi planeta!
En efecto. Cuando es mediodía en Estados Unidos, el sol, como todo el mundo sabe, se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta de sol. Por desgracia, Francia queda muy lejos. Pero a ti, en tu pequeño planeta, te bastaba correr tu silla unos pasos. Y mirabas el crepúsculo siempre que te apetecía...
-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadías:
-Sabes... cuando uno se encuentra tan triste, gustan las puestas de sol...
-¿Tan triste estabas el día de las cuarenta y tres veces?
Pero el principito no respondió...

(El principito, Antoine de Saint-Exupéry)

viernes, octubre 20, 2006

El filósofo y escritor indio Rabindranath Tagore, con esa peculiar visión del mundo que tienen los orientales, dijo una vez que la poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón del hombre...
No he leído mucho de Manuel Altolaguirre pero dejo aquí una de las poesías que, aunque tan triste, me ha gustado siempre:

Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.

¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos

Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.

miércoles, octubre 18, 2006


¿Dónde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que pensaba o decía un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad... preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!

(Crimen y castigo, Fedor Dostoievski)